La Princesa Leica

¡Hola! Buenos días, tardes o noches a todos (esto de ser tan cosmopolita es un lío).

Comienzo mi colaboración con Cienojetes y, la verdad, creo que lo mejor es presentarse, ¿no? Bueno, ya sé que soy impresentable. ¿Quién no conoce a la Princesa Leica? Obvio. Aunque, la verdad es que yo no vengo a hablar de mí porque ya está (casi) todo dicho, así que he pensado que lo mejor es empezar por contar el cómo y el porqué yo estoy aquí escribiendo.

Buscando un lugar donde pasar mi tiempo de asueto, hice lo normal: abrir el atlas, cerrar los ojos y señalar un sitio. Et voilà! Mi índice me mostró que tenía que ir a un lugar en el Oriente… de España. Arreglé todo lo necesario para embarcarme en una nueva aventura, puesto que nada conocía del sitio. Llegué allí prácticamente usando todos los medios: tierra, mar y aire (disculpad pero no quiero hacer publicidad, así que omito nombres). Y terminé en un territorio en el que, sinceramente, pensé: «¿Quién vivirá aquí?».

En la ciudad más grande que había por los dintornos y buscando un sitio donde reponer fuerzas, de repente escuché: «¿Princesa…Leica?». Como iba de incógnito, me cogió por sorpresa y respondí instintivamente: «¿Sí…?». Y así me encontré a Nacho y Nicon. Les solicité una dirección de algún lugar para tomar un refrigerio y me indicaron una heladería. Dado que me habían reconocido y no les había ocultado mi identidad, decidí aceptar su amable ofrecimiento de acompañarme. También conviene hacer un poco de prospección de los aborígenes, me dije a mí misma.

Tomando un helado de limón (me comentaron que los cultivados por allí eran famosos, así como la huerta) me preguntaron sobre mi cámara (fascinados, más por ella que por mi presencia, vaya…) y mi formación, etc. Yo les dije que a qué formación se referían, y me respondieron raudos: «A la fotográfica, claro. ¿A qué escuela ha ido, Princesa?». No pude contener la risa… Una Princesa NUNCA va a la escuela. Las cosas de fotografía, les conté, me las enseñó una nanny que Papá y Mamá contrataron en Chicago. Era maja y siempre que me llevaba de paseo acarreaba una cámara. La verdad es que no entiendo que ahora se le esté dando tanta publicidad porque era una sirvienta como las otras. Eso sí, recuerdo que le preguntaba cosas a George cuando se pasaba por casa a ver a Papá y siempre estaba fisgoneando un poco en esas ocasiones.
Entre nosotros, fue un detalle muy poco elegante por su parte el no habernos dejado en herencia los negativos, máxime cuando siempre estábamos animándola con lo de las fotos.

"¡Qué recuerdos me trae esta foto!" (Foto Vivian Maier).

“¡Qué recuerdos me trae esta foto!” (Foto Vivian Maier).

El caso es que Papá, viendo que era algo que me gustaba, me preguntó que si quería una como la de Vivi, pero le dije que no porque ella estaba jorobada (tenía problemas de espalda, quiero decir) y pensé que su cámara era de las de mirar desde arriba…, por el  visor, claro. Así que Papá me regaló mi primera Leica y me dijo: «Mira, ¡y se llama como tú, mi Princesa!». Papá siempre atento a todos los detalles…
Siguiendo con mi instrucción fotográfica, pues claro, la vida, las experiencias, las amistades, te van creando tu propio point de vue, obviamente, ¿no?

Nacho y Nicon me preguntaron también si escribía… Así les conté que claro, que llevaba un diario en el que apuntaba todo mi universo interior. En ese preciso momento recuerdo que se miraron, se levantaron y me dijeron no sé qué del servicio y se marcharon. Me percaté de que no es que fueran a hablar con las camareras sino que iban a las toilettes. Regresaron al cabo de un tiempo muy sonrientes, con los ojos brillantes, y me contaron lo de Cienojetes (no me explicaron qué significaba el nombre, pero tampoco es importante, ¿no?) y que si quería escribir sobre fotografía de vez en cuando.

Ellos continuaron siendo muy simpáticos, pues viendo que estaba perdida en ese sitio, decidieron hacerme de cicerone y me llevaron por la ciudad a recorrer sus rincones especiales, beber vino, comer tapas, y empezamos a conocernos mejor. Les pregunté si tenían cuarto oscuro, si trabajaban juntos o cada uno por separado, cuáles eran sus especialidades, etc. Me dijeron que no tendrían ningún problema en mostrarme sus aparatos y las técnicas que utilizaban para cada ocasión. Al final me acompañaron al hotel, estuvimos en mi habitación y quedé tan fascinada con los conocimientos y habilidades tanto de Nicon como de Nacho, que me convencieron por completo. Y aquí estoy.

princesa_leica

Posdata: No os fiéis de nadie que lleve una camiseta diciendo que su «otra» cámara es una Leica. Quien tiene una Leica, lleva una Leica. Lógico, ¿no?

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  1. Muy bueno. A la espera del nuevo episodio… “El megapixel contra Paca” quizás???

  2. alejandrum

    Es una historia RE LINDA.

  3. mariveh

    Pues bienvenida Princesa Leica!!! es un placer leer a una princesa (que no tanto príncipe, barón, etc.; o sea, que mola leer a una fotógrafa, ale, ya lo he dicho).
    Además, me alegra ver a la realeza bajarse al ruedo, jjeje, que trabajen…no tanto firmar facturas a ciegas, cheques, pagarés, …sin saberlo y tal…;-) o venga salir en el Lola, 30min y revistas rosa chicle pegajoso…
    Si encima 100 ojetes se posan sobre una Leica para contarnos cosas…, quién da más?…
    Pues ale, a seguir así, a mi ya me has enganchado!!!

  4. que weno…la familia crece!! Donde estabais hace 15 años!!?? (cuando empecé)
    continuo aprendiendo… 🙂

  5. guadi

    Pues la princesa Leica tiene algo de fallera!

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