Guía actual para hacer un foto-libro

Llega el final de 2016 y las consabidas listas con los mejores fotolibros del año se nos echan encima. Qué mejor momento que ahora para dar unos consejos a aquellos que, aun habiendo asumido que no se puede vivir de la fotografía de autor, no renuncian a formar parte del grupo de privilegiados que consigan un buen premio en 2017.

Hay que tener claro que si los libros se entendieran como un regalo a la comunidad lectora, muchos no deberían, qué digo imprimirse: ni imaginarse. Pero consideremos que el trámite de autoedición de un foto-libro puede ir destinado a la noble tarea de reparar la dañada eutoestima (ego) del autor. Debemos advertir primeramente que, por lo general, un fotolibro no se hace para ganar dinero, sino para conseguir visibilidad. De la venta exclusiva de photobooks no viven ni las editoriales gordas, como Taschen o Steidl; así que no lo pretendamos nosotros.

Bien. Aquí va una guía exhaustiva y de referencia, para consultarla conforme se necesite y que sirva de ayuda a todo aquel que esté atascado con el tema éste de auto-editarse un foto-libro, de salir de su invisibilidad:

  • Definición de foto-libro.

Primeramente aclaremos conceptos. A día de hoy, ¿qué leches es un fotolibro? Pocos lo tienen claro. ¿Es el fotolibro algo distinto al libro de fotografía? Sí y no. A simple vista parece que sólo hay un hipérbaton, pero no: el fotolibro va más allá que un simple libro de fotografía porque tiene un punto más de complejidad. Es decir: un foto-libro no está al alcance de las entendederas de cualquiera, porque lleva la expresión fotografía a su punto culminante. Un gin-tonic con cardamomo, enebro, fresas, uva, menta y naranjas chinas ya es algo más que un gin-tonic.

Un buen fotolibro, en palabras de Gonzalo Golpe, se revela cuando se cierra porque se hace presente en su ausencia. Sí, la presencia de la ausencia otra vez. Esto quiere decir que, no sólo para adornar una estantería, sino en las propias manos del lector, el fotolibro tiene que tirarse más tiempo cerrado que abierto. Por ello su diseño exterior es clave, mucho más importante que el interior o las propias fotos, como explicaremos más adelante.

No os preocupeis; veréis como va aclarándose todo poco a poco.

  • Usos alternativos.

Los mejores fotolibros son los que tienen una utilidad extra, además de la de volumen. Pongamos unos ejemplos:

Kosmos, de Marta Bisbal. Puede servir como teclado de piano portátil para prácticas, para cuando se estudia y no procede hacer ruido o para cuando se viaja, por ejemplo.

Marta Bisbal: Kosmos

M. Bisbal: Kosmos

Ele, VV.AA. Como ya lo hemos usado nosotros, de cartel para novicio al volante o autoescuela.

Varios autores: Ele

La forma bruta, de Martín Bollati. Se puede utilizar como bloc archivador de documentos, negativos, etc. Para el próximo, tómese nota de que es más util hacerlo en tamaño din A-4:

M. Bollati: La forma bruta, con funda archivadora

  • Envoltorio.

El fotolibro debe hacerse atractivo con un envoltorio de categoría. Esto nos da la ventaja de que la gente pueda comprarlo porque queda muy bien en su biblioteca. Más nos vale no escatimar en este apartado que gastar dinero tontamente en que las fotos del interior queden impecables.

Si la duda sobre lo que hay dentro es razonable (es decir: se hace extensiva al propio autor) es imprescindible un envoltorio hermético, que impida al comprador abrir el libro. Este embalaje, parte intrínseca de la obra creada, refinado y llamativo, hará pensar al adquiriente que las fotos del interior van a ser la repera. Todos sabemos que en la sociedad actual nuestra apariencia exterior tenemos que cuidarla al máximo porque nuestro interior puede decepcionar.

Una buena idea es lo que hizo Iñaki Domingo con Ser sangre: el libro iba ya envuelto en papel de regalo-big photo, con todas las ventajas que esto conlleva si se va adquirir para obsequiar. Si al del cumpleaños no le gusta, no es nuestro problema.

I. Domingo: Ser sangre

Desechemos presentar el libro con la típica envoltura plástica porque se puede abrir fácilmente. Un forro de tela, estilo saco o bolsa de comprar el pan, hará pensar al comprador en futuras y prácticas reutilizaciones. Amarrar el libro con una buena cuerda que impida su apertura es otra buena idea, muy actual. Corremos el peligro, si ésta es demasiado larga, de que en caso de que al engatusado no le guste el fotolibro, proceda a deshacerse de él al estilo lanzamiento de martillo. Si ya lo ha comprado y no somos demasiado tiquimiquis, eso nos debe dar igual. No podemos gustarle a todo el mundo.

  • Cubiertas y portada.

En el caso de que nos resulte imposible enfundar nuestro libro o no queramos, debemos al menos ponerle unas cubiertas de un material atractivo (estilo telita va bien). Otra opción puede ser invertir en el diseño de las sobrecubiertas con solapas (la propia palabra nos indica que nos pueden ayudar a solapar cosas). La última alternativa para hacer el libro seductor por fuera es gastarnos los cuartos en un diseño de portada molón. Un ejemplo puede ser Every thing will be ok de Lizarralde, que dió el campanazo con una portada termoreactiva. El lector puede tirarse experimentando con la estela que su paso deja en la obra horas y horas. Los niños podrán usarlo para jugar a detectives, analizando huellas dactilares.

A. Lizarralde: Every thing will be ok (de la web Exploradores de la imagen)

No es aconsejable poner una foto exterior, no sea que sea representativa de un trabajo flojete; aunque misteriosamente a veces una foto mala con un diseño bueno funciona.

  • Encuadernación.

Aquí también podemos recortar gastos. Si optamos por el cosido, nos podemos ahorrar la parte del lomo porque está de moda dejarlo sin terminar. Esto hará que en verano, con el calorcete, tomo y lomo se queden pegados a la mano del comprador. Se sentirá un todo con el objeto, atrapado por él. No podrá despegarse de él y se verá obligado a comprarlo. Hay opciones más baratas: con anillas estilo bloc, grapas, clips… todo vale con tal de que sea novedoso, rompedor.

  • ¿Título?

Seguimos sin abrir el libro. La tendencia ahora es que éste no lleve título y no es por capricho: lo que estamos haciendo con ello es incitar al lector a darle vueltas y revueltas al libro para buscarlo, provocando que interactúe con el objeto-obra y que contemple con detenimiento su diseño guapo. No tenemos por qué incluirlo tampoco en la portadilla interior. Esto nos da la ventaja de ahorrarnos calentamientos de cabeza con buscar un título que podría no enganchar y, además, incorpora a nuestro proyecto ese punto de misterio zozobroso, muy en boga en la fotografía contemporánea, que puede ir en consonancia con lo que queremos contar en el interior. Cuando el lector termine de ver el libro, podrá afirmar sin reparos: “Efectivamente, lo de este libro no tiene nombre”.

Si aún así te empeñas en poner un titular, que éste sea en inglés. Sofía Ayarzagoitia en Every night temo ser la dinner ha recurrido al espanglish. Bueno, puede valer.

John Cossage: Pomodori a Grappolo

  • ¿Textos?

Abrimos por fin el libro. Insistimos en la ausencia de palabras. El mundo del misterio no pertenece sólo a Iker Jiménez. Hagamos uso de él especialmente si no tenemos ni idea de lo que queremos contar. Fotos enigmáticas y libro sin texto es una combinación explosiva y ganadora. El mal llamado leyente porque leer no va a leer nada se sentirá intrigado, si llega a abrir el libro, al descubrir que tampoco entiende nada. Querrá seguir examinándolo a ver si da con el enigma. Se lo llevará a casa, especialmente si se le ha dicho antes que es un libro imprescindible.

Sólo en el caso de que nuestra verborrea sea prodigiosa, o que nos busquemos a algún visionario que tenga buena pluma, nos podemos permitir conceptualizar el trabajo con vocablos potentes, que avasallen digo mal: deslumbren de la manera que ya os hemos enseñado.

Pero nosotros aconsejamos, una vez más, el minimalismo. Más frases cortas y contundentes que parrafadas que puedan cansar. Por ejemplo, al estilo Juanan Requena: “Entre siempre y jamás”. Más vale pecar de ambiguo. Si alguien te da la tabarra con el dichoso “qué me estás contando”, contesta terminantemente como Ricky Dávila: “Yo no quiero que leas el trabajo como yo lo leo”.

  • Papeles.

Contrariamente a lo que puedas pensar, no es necesario reproducir perfectamente los colores y gama tonal de las fotografías. Un papel de mala calidad puede ser un plus. Esto te permitirá ahorrar tiempo en procesar las fotos y dinero en costosas (pre)impresiones. Si el presupuesto es limitado, las fotos se pueden tirar hasta con fotocopiadora.

El papel de periódico es una alternativa muy económica y popular en nuestros días. Las opciones posteriores de reaprovechamiento ahí están: como combustible para una falla o chimenea, cucurucho para castañas, manualidades, limpieza de esfínteres, etc. Lo que sí es decisivo es que el olor del papel a utilizar sea atrayente, sensual. Cuida ese detalle.

  • Puesta en página o maquetación.

Las formas de agrupar nuestras fotos y las transiciones entre ellas son importantes. No te calientes mucho la cabeza con la distribución, como recomiendan las viejas glorias. Distribuye espacios y páginas en blanco casi de manera aleatoria. Estarás introduciendo en el propio libro, sin necesidad de recurrir a la imagen, los no-lugares de Augé. Este recurso expresivo viene a huevo cuando no tenemos muchas fotos, porque no hemos tenido tiempo para salir a hacerlas, o cuando tenemos muchas que son malas de cojones. Si te preguntan el porqué de esos espacios en blanco, responde con contundencia de esta forma: “Eso lo tendrás que ir descubriendo por tí mismo, todo tiene una razón”.

Isabelle Evertse: Anthropoides Paradiseus (de la web de Grabiela Cendoya)

Isabelle Evertse: Anthropoides Paradiseus (de la web de Grabiela Cendoya)

  • Créditos.

En los agradecimientos es fundamental poner nombres de fotógrafos que sean referentes, para que la gente piense que has contado con unos colaboradores/editores del copón. Ojo: no es necesario ni siquiera conocerlos. Usa la ambiguedad como has hecho con las fotos. Por ejemplo: “A Ricardo Cases, por la inspiración que siempre me ha brindado”.

También he observado que, no sé por qué extraña razón, en España casi sólo se venden foto-libros impresos en la ciudad italiana de Palermo. Tenlo en la cuenta para tu presupuesto o bien escribe “Impreso en Palermo”, aunque el ejemplar se haga en China o Torremendo.

  • Presupuesto.

Ya hemos dado algunas soluciones para ir ahorrando gastos. No obstante, si el dinerito escasea y no encuentras mecenas que crean que tu proyecto debe de mostrarse al mundo, puedes hacer una edición limitada y numerada. Firma a mano también estos ejemplares únicos. La escasez de tirada puede darle una alta cotización al libro. Imprimir pocas copias y venderlas, a precio de incunable, a entusiastas y coleccionistas es una buena idea.

Paco Gómez: Photo Poche

Paco Gómez: Photo Poche

  • Promoción.

Por último, no hay que olvidar que un fotolibro es también el punto chino filipino de la llamada por Óscar Molina fase de socialización de un proyecto. Ese período del proceso creativo en el que tienes que persuadir a la peña de que lo que has hecho está bien y sobre todo, de que tienen que comprarlo y/o, qué menos, compartirlo por las redes para que otros lo compren. Así que no queda sino recurrir al autobombo. En esto no puedes hacerte el remolón como lo hiciste a la hora de fotografiar, pájaro.

Nos puede ser muy útil compartir en las redes sociales imágenes de nuestro fotolibro en algun festival destacado. No es imprescondible que esté ya a la venta: podemos ir y esclafarlo en el mostrador, sin que se de cuenta el tendero, rodeado de libros importantísimos; para esto, puede venir bien la ayuda de un colega para que distraiga al vendedor con preguntas bizantinas. La peña, al ver nuestro libro en Arles enmedio de otros de Martin Parr o de Alec Soth, interpretará que es imprescindible. Sería ya la leche encontrarnos en el sarao a un personaje importante y que accediera a retratarse con el libro y su autor; pero tengamos en cuenta que le tendríamos que regalar el ejemplar. Insistamos en hacernos la foto antes de que empiece a hojearlo.


PD.: Me doy cuenta, al finalizar el artículo, que la palabra fotolibro está pillada por alguna empresa fotográfica. Como se me enfrían los churros y el artículo tiene que salir ya, ruego al lector que sustituya todos los vocablos “fotolibro” del texto por “potobook”, que queda aun más guay.

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  1. Cienojetes el ejemplar que tenéis de mi libro es falso, esa no es mi firma, os la han dado con queso. Seguro que habéis pagado una millonada por el libro aunque ahora para justificaros diréis que os lo habeis encontrado en la basura modlininana o en un congreso de papel higiénico al que vais de ponentes. Lo cierto es que si pones el ejemplar que tenéis en Walapop no os dan 1€ por él y encima vais a tener que pagar el envío a los países limítrofes con Murcia. Por cierto aprovecho para decir que si queréis uno de verdad entrad en fracasobooks.com

  2. Pilar Citroen

    Bieeen. Tomo nota de las ideas para los catálogos de mi galería.

  3. Franagan

    Espero publiquéis un libro con todos los artículos contenidos en el blog. Que vuestra obra sea tangible y no desaparezca en el ciberespacio. Sería una gran aportación al mundo de la fotografía. Os echaremos de menos.

  4. SensiPixelStones

    Un debate muerto… fabricar libros ya no tiene sentido, hoy muy pocos necesita comprarlos para ver fotos, aunque quede la nostalgia de oler el papel pasando fotos. El libro fotográfico ha muerto.

  5. “Todos sabemos que en la sociedad actual nuestra apariencia exterior tenemos que cuidarla al máximo porque nuestro interior puede decepcionar” jajajajajajajajajajajajaja 😂 😂 😂 😂

  6. Pingback: Galaxia Xataka Foto 4 diciembre 2016 – @soynadieorg | Soynadie Photo Press

  7. Jony

    “El libro fotográfico ha muerto.”

    La voz de la sabiduría se ha manifestado. Todo el mundo firmes.

  8. Reyarturo

    Como solía decir Merlín: “La vida es una broma de los dioses y la justicia no existe. Aprende a reir o lloraras hasta la muerte”. Pues eso hacemos.

  9. volksgrenadier

    Malas noticias para el iluminati que ha decretado la muerte del fotolibro:

    http://photolari.com/los-mejores-fotolibros-de-2016/

    http://clavoardiendo-magazine.com/mundofoto/fotolibros/fotolibro-regalar-esta-la-lista-clavoardieno-estas-navidades/

    Que le pida a los Reyes un estetoscopio nuevo: el muerto goza de buena salud.

  10. Cristina

    Enorme este articulo, como muchos otros.
    La visiión y aportación de Cienojetes al mundo de la fotografía española solo se entenderá cuando dejen de escribir.
    Gracias.

    • Laura

      Yo no puedo esperar a que dejen de escribir para entenderlo. De hecho, la aportación po-si-ti-va (no meramente deconstructiva) de Cienojetes a la fotografía española es un enigma que espera ser desentrañado hace mucho. Si nos anticiparas alguna clave que arrojara luz sobre el particular una legión de seguidores te lo agradecería.

  11. youknow

    La autoedición es la respuesta más sencilla a la falta de paredes para colgar obra.
    Se me viene a la cabeza la frase: No hay tanto pan para tanto chorizo.

    ¡agur!

  12. Ro

    Hola Cienojetes, una cosa, ¿qué es un fotolibro?

  13. Pintiparao

    cienojetes sois la polla, no solo firmais como “pacojones”, el de paco Gomez, si no que vuestra pitopausia os lleva, a tener que publicar un libro y como escribirlo es muy jodido, lo quereis hacer de afotos, que lo hace cualquiera…jajaja

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