El fotocazador

Desde niño he sido muy inquieto, hiperactivo dicen ahora. Ya de adulto, la cosa se complicó porque aparecieron instintos violentos. Para calmarme, algunos amigos me recomendaron la caza, pero ocurre que veo algo de sangre y me desmayo. Así que tuve que descubrir que se podía cazar de otra manera…

Ricardo Cases

Ha sido la fotografía digital la que me ha ayudado a canalizar mi agresividad y sacar oro de mi doble personalidad, transformándome en un ser creativo. Y es que yo sí que hago fototerapia, no como esos que intentan plasmar sus movidas interiores en imágenes. De no ser por la fotografía, estaría por ahí dando tiros de los de verdad.

Desde que disparar no me cuesta un duro, y gracias al disparo en ráfaga y las tarjetas de memoria ultrarrápidas, la cámara para mí es un arma, una auténtica metralleta. ¡Dichosos carretes finitos y costosos! No voy ahora a ponerme a hablar sobre las ventajas de lo digital sobre lo químico, porque ya lo hice y el que no las vea… ya las paga, está claro, jeje. ¡Señores, ¿para cuándo el nóbel de Física para el lumbreras de Sasson?!

No os echéis las manos a la cabeza con lo de mi doble personalidad; es algo parecido a lo que pasa con muchos fotógrafos emergentes, que tienen un lado oscuro que ocultan: sus encargos comerciales y de bodorrios no aparecen en su webs o usan seudónimos.

Como otros, yo también utilizo la fotografía como una forma de dominación. Según la identidad que desarrolle, la emplearé sobre la Naturaleza o sobre los seres humanos:

– MR. HIDE –

Es mi yo fotográfico cazador, que busca desahogarse en/con el medio ambiente. El que huye del mundanal ruido, partiendo a la aventura muy de madrugada, para disponer así de las mejores luces del amanecer. La limpieza y preparación previa del armamento es fundamental: trípodes, bastones, mochilas, chalecos, pepinos, filtros, tarjetas a granel y uno de mis hide de camuflaje (el acuático o el terrestre, según donde vaya). Mi último paso antes de salir hacia el paraje natural es pasar por el mcauto y, sin bajar del coche, comprar un par de super hamburguesas con patatas fritas, que me ayudarán a tomar fuerzas y esperar pacientemente a que aparezca el bicho y dispararle. Esas horas de aburrimiento e incomodidad dentro del puesto de caza se compensan con la belleza plástica de las imágenes que obtengo, que es en realidad lo que busco, porque a mi la biología me importa un huevo.

Yo no entiendo mucho de animales ni de plantas y me da igual la especie sobre la que apunto. Lo que hago luego es invitar a un amigo, que es muy leído, y que me aclara si el pajarraco es un ánade rabudo o una polla de agua. Mi fotoblog es seguido por unos cuantos aficionados del mundillo y queda de lujo poner un pie de foto de este tipo: “Vuelo crepuscular de joven chotacabras cuellirrojo (caprimulgus ruficollis)”.

Los frutos de tanto esfuerzo llegan después: con cada “me gusta” o comentario mi ego se alivia; una vez hasta me comentó y todo José Benito, uno de mis ídolos; y toqué el cielo con las manos cuando una de mis fotos llegó a ser portada de “Jara y sedal”.

Cuando no encuentro bicharracos con las canalizaciones y urbanizaciones esta tierra levantina está hecha un solar, también me entretiene hacer fotografía macro de bichos pequeños. No os creáis que esto no tiene sus riesgos. Algunas veces he tenido que ser expeditivo: el pasado finde una araña grande trepó por mi pepino macro súper L mientras la enfocaba y a punto estuvo de picarme en la nariz, la muy zorra; como no sabía si podía ser una tarántula venenosa o no, la tuve que aplastar varias veces con una piedra. ¡Menuda descarga de adrenalina! Una vez esclafada la alimaña, le eché una foto: es una fototópica y vete a saber si el día de mañana me sirve si me vuelvo moderno.

– DOCTOR JEKYLL –

Es mi yo fotográfico que busca aliviarse en la jungla del asfalto, con la street-photo. En este caso, las especies a cazar son todo tipo de humanos. Como depredador (de imágenes) que soy, mi especialidad son los más débiles: no le hago ascos a borrachos, mendigos, ancianos, músicos, niños o despistados. El caso es atraparlos y aprovechar luego la foto, si se tercia, para algún concursete (mejor on line para evitarse gastos en impresión).

Hay muchos genios en esta modalidad que nacieron hace un porrón de años y que ni se nombran en los foros de street-photography (Cohen, Meyerowitz, Winogrand,  Friedlander, etc.), pero mi ídolo es este máquina:

Ya quisiera yo tener los cojones de éste. Mi cobardía hizo que, como en el campo, en la ciudad mi mejor arma hasta hace poco fuera un buen tele-pepino. Hasta que, visitando galerías y blogs de aficionadillos, observé que las fotos siempre parecían haber sido hechas por un enanito, algunas con ligeros contrapicados. Y es que todos usan la técnica maravillosa del robado, con la cámara colgada a media cintura. Así, hasta con el móvil se pueden hacer buenas fotos. Yo lo que hago es hacer varias, moviendo ligeramente la cintura, con el dedo pegado al obturador, pero también se puede programar el disparador para pasar más desapercibido. Me olvido de la composición porque se logran muy buenos resultados reencuadrando luego. Todo vale.

Foto: Juan Martínez (blog “Desde mi objetivo”)

David Suñol

Foto: David Suñol (blog “Memoria selectiva”)

No hace falta interactuar con las personas. Poco importa lo que digan. Sólo hay que mantenerse relajado (mirar a otro lado ayuda) y, si el fotografiado se mosquea, disimular haciendo una foto al estilo tradicional, ojo a visor y avizor, como enfocando en otra dirección. Si la cosa se complica (por ejemplo si alguien nos inquiere o nos increpa), se sale por patas sin dar explicaciones. Las excusas, si acaso breves, del tipo “vale, tío, ya la borro”.

Aquí, como en la naturaleza, viene bien una ropa discreta, para no ser detectado por la víctima. Yo tengo un juego de chalecos de varios colores.

Bueno, os dejo, que escribiendo de todo esto me ha dado un subidón tremendo. Salgo ahí afuera a comerme el mundo. ¡Nus vemus!

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  1. jajaja muy bueno… así es… o parecido, lo de la calle digo.

    Lo de que los fotógrafos son como cazadores ha sido casi de siempre, bueno siempre han habido grandes farsantes… de esos que solo disparan si la presa lleva un billete ofrecido por el fotógrafo en el bolsillo o un collazo que le ha metido para que participe de su “genialidad creativa” ya bien para que pose descaradamente o para que haga como que no se da cuenta. Lo de estos, es como la de disparar en la feria a muñecos estáticos.. mira otra idea para reflexionar en otra ocasión 🙂

    Salud.

  2. “…muchos fotógrafos emergentes, que tienen un lado oscuro que ocultan: sus encargos comerciales y de bodorrios no aparecen en su webs o usan seudónimos” jojojo… memorable.
    Qué buen artículo. Bravo 100ojetes.

  3. Ojo con las cámaras, que las carga el diablo. Se empieza saliendo a cazar fotos a un paraje natural, y se acaba diciendo “me he equivocado, no volverá a pasar”

  4. Pingback: ¡Vaya carrerón! | Cienojetes

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