Los Woperpoint de las bodas

¡Qué momento tan dorado el de nuestra fotografía patria! Nos estamos hinchando a premios internacionales, pero mi afirmación tiene un sentido aún más amplio. Yo veo fotografía madura por dondequiera que voy.

Si algo representa, sin ningún género de dudas, que estamos en un punto álgido de nuestra expresión audiovisual eso son los Woperpoint de las bodas. Lo he podido comprobar recientemente, cuando tuve el honor de ser invitado a la boda del primo de mi mujer. Ese día marcó un punto de inflexión par mí.

Después de ponerme tibio de marisco, mancharme la corbata con la salsa al Pedro Ximénez, y con unas cuantas copas de vino peleón ya en el cuerpo, sobrevino el instante tan esperado de la proyección de fotos sobre la vida de los novios. Cuántos fotógrafos modernillos querrían tener a 300 personas asistiendo a sus audiovisuales profundos. Lo que daría Fotoaplauso por congregar a una audiencia de dichas dimensiones.

Quiero decirlo bien alto y claro para que todo el mundo se entere: las artes visuales alcanzan su mayor grado de transgresión y confrontación con lo establecido en los Woperpoints proyectados durante los banquetes de bodas. Exponentes de la alta cultura mostrados sólo a unos pocos privilegiados, círculos cerrados de unos centenares de personas (miles si la boda se celebra en Lorca).

Selecto club de invitados

Selecto club de invitados

Durante los preparativos yo iba a decirles que el trípode de la pantalla estaba ligeramente girado y que las fotos iban a salir torcidas. Menos mal que mi mujer me dio un codazo a tiempo para que me callara.  Dicha deformación no era más que un recurso visual perfectamente estudiado para darle un rollo Star Wars al pase de diapositivas. ¡Cuánto tengo que aprender aún de narrativas audiovisuales!

Lo que sucedió a continuación me hizo todavía más ilusión. Los fotógrafos modernos andan preocupados porque piensan que el pueblo llano no entiende sus obras. Realmente no son conscientes de que el lenguaje que ellos creen rompedor está ampliamente extendido entre los plebeyos. En cuanto la autora del Woperpoint conectó su portátil al proyector todos pudimos contemplar su foto de fondo de escritorio: un primer plano del rostro de su perro pequinés, con los ojos inyectados en sangre (estaban muy rojos) debido al flashazo de dimensiones bíblicas que se le había aplicado al chucho. ¿Julián Barón es un maestro por su C.E.N.S.U.R.A.? No, él sólo hizo acopio del lenguaje popular.

La chica que perpetró el Woperpoint es sin duda un claro exponente de la excelente formación en artes visuales que hay en este país. Yo creo que había asistido a varias escuelas privadas de esas prestigiosas, porque su lenguaje era muy ecléctico. Haciendo uso de fotografías de los últimos 30 años, otro claro ejemplo de creación posfotográfica fontcubertiana, armó (vaya si la armó) un sólido discurso acerca de conceptos tan contundentes como el tiempo, la familia, el amor, el botellón, la muerte o la alegría. Tan pronto combinaba fotos de estética retro como otras más desenfadadas a lo Terry Richardson (las de las juergas con los amigos), en un continuo avanzar y retroceder en el tiempo a lo McFly.

Y si en algo destacó la presentación fue en el empaque que tenía la narrativa en su conjunto. Qué mejor manera de plasmar el fugaz devenir de la vida que mediante un sin fin de transiciones entre fotografías. Fotos que dan meneos en espiral, fotos que se deforman y desaparecen, fotos que llegan derrapando. No se dejó ni un sólo efecto de animación en el tintero, todos en una perfecta simbiosis con las fotos que les acompañaban. Hubo un momento en el que me llegué a marear, pero no penséis que fue debido al continuo vaivén de imágenes, sino más bien fruto del conocido síndrome de Stendhal. Me repuse, e instintivamente me levanté agitando al viento mi servilleta mientras gritaba “¡¡la autora, la autora, la autora es cojonuda, como la autora, no hay ninguna!!”

Asistentes celebrando la proyección (Foto: José Ramón Polo)

Asistentes celebrando la proyección (Foto: José Ramón Polo)

Arte. Arte con mayúsculas. Porque si muchos se empeñan en definir al arte como una forma de transmitir emociones profundas del ser humano, como método para provocar verdaderas transformaciones internas que nos alteran para siempre, yo creo que ese Woperpoint cumplió con creces. ¿Sabéis qué cantidad de comensales que no pudieron reprimir las lágrimas? ¿Cuántos rieron a carcajadas con las fotos de la comunión? Algunos se tapaban la cara con las servilleta y otros no podían tener la mandíbula más desencajada. Estas expresiones emocionales son difíciles de contemplar en otro ámbito, quizá sólo en las exposiciones de Takeshi Murata.

Al terminar la proyección me pregunté “¿y si este nivel de placer para los sentidos se produce en una boda entre un vigilante de seguridad y una jueza, qué se podrá contemplar en las bodas de artistas fotográficos?”. Entonces recordé que los audiovisuales se los suele hacer el hijo de Castro Prieto.

Fin del artículo. Haga clic para salir.

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  1. Nada más que apuntar. Irónicamente excelente

  2. Julio Sánchez Millán

    es mas auténtico que la vida misma de los enlaces matrimoniales.

  3. Yo tuve que cortar la proyección en mi propia boda cuando ya llevábamos más de 15 minutos, porque aquello no tenía visos de acabar, y la gente quería pasar a la barra libre.

    Un besito para la amiga que, además de presentarnos, nos preparó dicho montaje, con mucho cariño y poco criterio…

  4. Ja, ja,,ja: me alegráis el día cada vez que os leo. Acabo de regresar de un curso que hemos montado en Huesca sobre el álbum familiar y hay que ver lo que da de sí el tema. Por cierto: ¡no sabía que a esto se le llamaba Woperpoint!

  5. Verde amanecer

    Me parece fatal que se juegue así con los sentimientos de la gente y tal. mi cuñada me hizo una presentación super bonita para mi boda y vosotros os morfais de los detalles sinceros. Nada más que os gustan las fotos sangrientas y cosas de esas que salen en la tele, verdad?

  6. luz

    Aún sobrevuelan sobre mi cabeza las transiciones del último woperpoint bodil que ví. Que pechá de reír.

  7. Un poco a propósito de bodas y fotografía… Mauricio Jimeno Fernández, ‘uno de los fotógrafos más famosos del mundo’, tiene una copiosa legión de frívolas admiradoras, pero él está enamorado de la encantadora Julia, con la que pretende casarse ante la oposición de sus fans. La novia, celosa de todas esas chicas que revolotean alrededor de su prometido, deja a Mauricio plantado en el altar y le lanza un ultimátum: “o la fotografía o yo”. Un año más, San Valentín bajará a la Tierra para ayudar a resolver los conflictos amorosos de esta y otras parejas… Ésta podría ser la sinopsis de ‘La boda del fotógrafo Mauricio’, un vídeo que he editado especialmente para Cienojetes extrayendo una de las varias tramas paralelas de “Vuelve San Valentín”, una indescriptible película española de 1962 (secuela de ‘El día de los enamorados”). Os aseguro que nunca antes una película había retratado con tanto rigor, honestidad y crudeza los dilemas y tribulaciones sentimentales y profesionales de un fotógrafo español, ja ja ja. Podéis descargar el vídeo aquí:
    http://we.tl/NY8sqMbC4U
    feliz 2014 a todos

  8. Pingback: Del multimierda al multimedia | Cienojetes

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